Esta tarde me calzo el traje de los sueños...
Sudadera en mano he salido en dirección al *Barranco de los suspiros donde Danaide me vigila con sigilo y los enamorados se besuquean sobre un espejo de agua, balcón al mar.
Pacífico gris que se pierde en el horizonte donde el sol se oculta bajo su falda, guarda tantos recuerdos esta costa que sigue su camino por el malecón entre rosas y náuticas de colores con luces parpadeantes como luciérnagas en el fondo del bosque.
Y aquí estoy sentada en la esquina de este café esperando tu llegada en el barrio donde los suspiros se escapan en noches estrelladas con la luna en la espalda pero este café es tan corto para tu llegada en esta tarde de invierno desangelada con escaleras que suben y bajan a
calles que no existen, hojas secas cubren las mejillas del camino, farolas como tréboles a la suerte de algunos,brisa marina, puente madera que tiene más suspiros que no son ni el tuyo ni el mío en esta tarde que me descalzo el traje de los sueños.
*Barranco, barrio peruano
julio 30, 2007
julio 11, 2007
(En otros tiempos bien recibí estas líneas ahora les quito el polvo del baúl de los recuerdos o del blog de otros tiempos....)
Donde creas que ya no habito.
Allá, donde tu seno
propone deseos infinitos.
Donde la pereza te prometa
sólo hastío en tus tardes muertas,
cuando tu voz palpite reseca.
Donde las horas detengas
para pensar y no mires atrás.
Donde la mar más fiera.
Donde tu quieras que el agua
de la lluvia eterna arrastre
cuanto aún te quede apenas.
Donde vuelven los anhelos.
Allí, hasta donde llegarán los besos,
los vientos, las tempestades, los celos.
Donde crujen tus pisadas,
sobre las primeras hojas muertas.
Allá, donde residen las madrugadas.
Donde olvides que una vez vivieron
mis manos sobre tus manos,
antes de adorar tu cuerpo.
Donde tu sueño alcance
porque ya nada sea igual
sin las nubes a poniente de aquí.
Donde tu digas que el cielo
pierde su infinito. Donde las tardes
ya quieran ser recuerdos...
Donde el amor siga siendo
un largo trago amargo,
una caricia, una mirada, un roce vivo.
Donde tu piel.
Cerca de ti...
Donde creas que ya no habito.
Allá, donde tu seno
propone deseos infinitos.
Donde la pereza te prometa
sólo hastío en tus tardes muertas,
cuando tu voz palpite reseca.
Donde las horas detengas
para pensar y no mires atrás.
Donde la mar más fiera.
Donde tu quieras que el agua
de la lluvia eterna arrastre
cuanto aún te quede apenas.
Donde vuelven los anhelos.
Allí, hasta donde llegarán los besos,
los vientos, las tempestades, los celos.
Donde crujen tus pisadas,
sobre las primeras hojas muertas.
Allá, donde residen las madrugadas.
Donde olvides que una vez vivieron
mis manos sobre tus manos,
antes de adorar tu cuerpo.
Donde tu sueño alcance
porque ya nada sea igual
sin las nubes a poniente de aquí.
Donde tu digas que el cielo
pierde su infinito. Donde las tardes
ya quieran ser recuerdos...
Donde el amor siga siendo
un largo trago amargo,
una caricia, una mirada, un roce vivo.
Donde tu piel.
Cerca de ti...
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